Sabemos que emprender ya supone una gran cantidad de aspectos que hay que tener en cuenta y desarrollar. Pero hoy queremos hablaros de la importancia de contar con un plan de comunicación que nos permita definir perfectamente nuestra estrategia.

Pero ¿en qué consiste un plan de comunicación?

Formalmente se suele definir como el documento que establece la forma, el modo y el tiempo en que una empresa se va a comunicar con su público objetivo. Esta planificación tiene como objetivo alcanzar una serie de objetivos concretos.

Puede ser un plan de comunicación externo, si se refiere a la comunicación hacia nuestros clientes o prospectos, o plan de comunicación interno, para gestionar la comunicación entre los diferentes trabajadores de la organización.

Razones para contar con un plan de comunicación

No disponer de un plan bien pensado no te permitirá saber cual es tu objetivo ni como llegar a él. Y sobre todo, no estarás optimizando tus recursos. Contar con un plan de comunicación simplifica las tareas y hace que los resultados sean mejores con un menor esfuerzo.

¿Cómo se hace un plan de comunicación?

Sabemos que los recursos con los que cuenta un emprendedor suelen ser limitados. Por ello, aunque es conveniente contar con el apoyo de una agencia de comunicación, se puede realizar una primera versión que ya nos marque los pasos a seguir en lo referente a la comunicación con los clientes.

Siempre te recomendamos contar con la asesoría global a modo de consultoría por parte de un equipo profesional antes de iniciar la actividad. Del emprendimiento muchas veces brota más pasión que análisis y por ello es más que interesante contar con ese contrapunto que nos aporte más información al respecto.

Antes de nada debemos hacernos una serie de preguntas que serán la base de nuestro plan de comunicación.

¿A qué audiencia nos vamos a dirigir?

Tenemos que definir el concepto de “Buyer persona“, un concepto muy utilizado en marketing, y que simplemente significa la definición del tipo de cliente que mejor se ajusta a nuestro servicio o producto. Sería un sinónimo de público objetivo, aunque este último es más genérico.

Por dar un ejemplo, no es lo mismo que nuestros posibles clientes sean mayores de 70 años que no saben usar tecnología, a que sean nativos digitales.

¿Cuales van a ser los objetivos de este plan de negocio?

Un punto vital a la hora de diseñar tu plan de comunicación es llegar hasta una serie de objetivos específicos y realistas, que sean los que queremos alcanzar a lo largo del tiempo.

Podemos diferenciar los objetivos como:

  • Cualitativos: no pueden medirse concretamente pero si estimarse. Un ejemplo de ello podría ser “quiero que mi página adquiera mayor visibilidad de marca en medios de comunicación”.
  • Cuantitativos: todo aquello que se pueda medir, como por ejemplo: “llegar a 1.000 seguidores más en Twitter” o “aumentar un 10% la interacción en las publicaciones de Facebook”.

Es preferible acotar unos pocos objetivos dentro del plan de comunicación, para centrarse inicialmente en ellos, sin dispersarse. Quedarse en un “vender más” tampoco es un objetivo válido si no es medible.

¿Qué queremos transmitir a nuestra audiencia?

Este es un punto fundamental, ya que si no elegimos bien el mensaje y su presentación, no captaremos la atención de las personas a las que consigamos llegar, con lo que el retorno de inversión será negativo. No podemos obviar que cualquier canal que elijamos es ya a día de hoy un auténtico campo de batalla entre anunciantes tratando de hacer llegar su mensaje.

El mensaje debe ser:

  • Conciso y fácilmente entendible.
  • Estar adaptado al lenguaje y tono que utiliza tu audiencia.

¿Qué canales podemos usar?

Teniendo en cuenta las conclusiones a las que lleguemos tras responder a las preguntas anteriores, llega el momento de decantarse por uno u otro canal, ya sea online u offline.

Los principales canales utilizables se suelen agrupar en:

  • Canales offline: como pueden ser la cartelería, periódicos y prensa, radio, TV, eventos presenciales, vallas publicitarias y un largo etcétera.
  • Canales online: nuestra propia página web o blog corporativos, las redes sociales, las campañas de email marketing o la publicidad que se realiza a través de internet.

Cada uno de estos canales es muy diferente y requiere de tiempo y conocimientos para sacarle el máximo partido. Igual que nadie sin conocimientos se pondría a diseñar su página web, ponerse a comprar anuncios en internet, hacer eventos o lanzar miles de publicaciones en RRSS sin tener una visión global de lo que queremos hacer y cómo queremos hacerlo, sería un error.

¿Con qué presupuesto contamos?

Hay que tener claro que no es necesario dinero para llevar a cabo algunas acciones de comunicación, pero si que todas ellas suponen como mínimo una inversión en tiempo y esfuerzo. Por ello es conveniente tener claramente estipulado qué recursos vamos a dedicar a llevar adelante nuestro plan de comunicación.

¿Cómo se va a medir el retorno?

Es preferible aprender o dejarse asesorar sobre cómo podemos cuantificar el retorno de la inversión, a lanzarse a dilapidar recursos sin ningún tipo de control.

Otros aspectos

Por supuesto, cada una de estas preguntas entraña mucho más trabajo que sólo responderlas. Elegir el canal, por ejemplo, puede suponer a su vez elegir el momento más adecuado del día (o del año) para llevar a cabo una acción. Si queremos aumentar nuestras ventas web en el Black Friday, de poco servirá un anuncio en radio 6 meses antes.

La creatividad forma parte inherente del marketing. Es lo que realmente puede marcar la diferencia. Si somos creativos o recurrimos a profesionales que lo sean, podemos obtener estrategias muchísimo más potentes y que lleguen a alcanzar resultados inimaginables a priori.

Conclusiones

Ya sea contando con la ayuda de una agencia de comunicación o no, lo recomendable es que lleguemos a alcanzar una visión global de nuestra estrategia y que la podamos plasmar en papel para poder acudir a ella de manera recurrente para comprobar si estamos cumpliendo o nos estamos desviando mucho de la línea trazada. De ello puede depender que nuestra evolución a largo plazo sea la mejor.